Lo que ha generado que la gente salga a las calles, comenzando con el cacerolazo, siguiendo con el saqueo salvaje y violento de supermercados, y finalizando con una verdadera guerrilla urbana, es bastante complejo, pero tiene un denominador común, la crisis económica que ha afectado el bolsillo y los estómagos de todos los argentinos y la sensación de corrupción generalizada en los políticos.
En la foto abajo, me uní al grupo de violentos –sólo con fines periodísticos-, y teniendo cuidado de no sacarle a ninguno la cara -ya me han advertido algunos radicales- que se enfrentan con cascotes de piedra del asfalto a los policías montados a caballo. Todo sucede en las mediaciones de La Plaza de Mayo y la Avenida de Mayo. Esto es la calle Defensa y un poco más atrás, en la Avenida de Mayo, están apostados, otros radicales lanzapiedras, vigilando que no aparezcan nuevos policías a caballo por detrás y nos cierren como en un sándwich. En un momento de la tarde, se decide volcar y quemar una camioneta que se considera pequeño-burguesa. Apenas 15 personas son necesarias para ello. Cuando lo consiguen rompen en gritos de júbilo .Un muchacho aparece con un bidón de gasolina y lo vierte sobre la camioneta. Un mechero hace el resto del trabajo.
En un país donde no hace demasiado tiempo existía una clase media generalizada y acomodada, ahora existen tres grupos escindidos de la misma: la competitiva (dentro de ella jóvenes licenciados e instruidos que ven la salida del país como única alternativa), la no competitiva (formada por grupo de funcionarios públicos, docentes y otros empleados protegidos por los sindicatos), y la empobrecida (sin ninguna protección y los más afectados por la crisis, los que están en las calles). El miércoles en la Plaza de Mayo se reunieron en la Plaza de Mayo oficinistas espontáneos, las Madres de Mayo, familias y otros grupos pacíficos. El jueves la cosa se desbordó, en parte instigados por la represión policial que, aunque excesiva, tuvo que intervenir frente al vandalismo en las calles.
En la foto de la izquierda abajo aparece un policía que debe se un jefe o sargento con una pistola en la mano –el resto llevan escopetas de pelotas de goma-. Al momento, los manifestantes violentos me increpan. -¡Hazle una foto, hazle una foto! ¡Tiene el hierro en la mano!-. Así lo hago pero guardando una prudente distancia de seguridad y preparado para salir corriendo a la mínima señal de peligro, apenas diez segundos más tarde, cuando se escuchan los disparos. A la izquierda, se ve cómo se coloca una plancha de aluminio de un cartel publicitario como barricada desde donde correr hacia la policía con piedras y tirachinas |