| Después de una trilha o camino de un par de kilómetros se accedía a esta playa salvaje de Lopes Mendes. Aquel día hubo tormenta y las olas se levantaban a un par de metros sobre la orilla. Acostumbrado a las playas españolas del mediterráneo, cuando ves por primera vez la selva junto al mar, impresiona. Los brasileños han hecho de esta isla un parque nacional para protegerlo de un desarrollo excesivo: en el pueblo no hay ni carreteras, sólo caminitos de tierra, y a veces ni eso. Algunos carteles con mapas que indican la dirección de las trilhas y su dificultad, ayudan en el camino. Hay un par de pequeñas casacadas de río donde los locales se divierten a sus anchas jugando a perseguirse entre las deslizantes rocas; es milagroso que no se caigan y se abran la cabeza. El perfil del turista que aparece por ahí es tan diferente al de Río... la mayoría, amantes de la naturaleza que escapan del bullicio. |