| Arena, mar y bosque selvático de pequeños animales y mosquitos molestos. A eso se reducía la isla, amén de algunas ruinas históricas, pero en ello radicaba su encanto. Aquí se puede experimentar la realidad de la extensión brasileña, un país de tamaño continental con baja densidad de habitantes por kilómetro cuadrado a pesar de sumar ya casi 190 millones de personas. Es paradójico también que en los viajes a lugares pequeños y no muy poblados, se acabe conociendo a mucha más gente que en las ciudades: aprovechas más a la poca gente que hay, como suelo decir yo. |