En algún momento de mi estancia en Ilha Grande conocí a una inteligente venezolana estudiante de periodismo que se alojaba en mi posada. Venía de Salvador de Bahía, donde había pasado los Carnavales filmando un reportaje para una cadena de televisión de su país. Ella y otra aventurera amiga habían conseguido financiación pública de Venezuela y Brasil para su proyecto, y se habían mezclado con las turbas bahianas deseosas de descontrol durante cinco días. Sorprendentemente, no les había sucedido nada malo.
El caso es que como buena experta de la imagen, pudo encontrar el enfoque y el plano perfectos para esta instantánea cuando íbamos de camino a alguna playa perdida. |