Cuando llegas o te marchas de Morro, si tu pousada está en la segunda, tercera o cuarta playas, le dices a algún carregador que te lleve la maleta o lo que tengas. Muchos de los jóvenes de la isla se dedican a eso y se sacan un par de dólares por maleta, más o menos. Pero además, como mucha gente llega sin haber reservado habitación, también se ocupan de buscarte hotel o pousada, con la consiguiente comisión que consiguen de los dueños, que en temporada baja, llega a un buen porcentaje de la diária.
Otros trabajan en la pesca o en la construcción, pero muy pocos tienen negocios, los cuales están copados por los argentinos, más emprendedores y con mayores recursos, y eso genera algunas fricciones. En el caso de las chicas, la mayoría trabajan en tiendas del pueblo o de camareras, y muchas acaban teniendo un hijo con algún viajero italiano que les suele pasar un estipendio mensual. Por las noches muchos de los jóvenes de la isla salen a bailar forró, pagode, y a mezclarse con los turistas; de nuevo el buen salvaje rousseauniano. |