En Morro de São Paulo hay una escuela pública de primaria a la que asisten los niños de la isla, pero luego también tienen tiempo de ayudar a sus padres vendiendo dulces de coco o sandwiches que preparan en las casas. En esta segunda playa, la más turística había también unas macedonias de frutas con helado para morirse. Por la tercera y cuarta playas pasaba el simpático hombre de los cocos, que se quedaba un rato esperando y batendo papo (dando conversación) para, una vez que te hubieras bebido el líquido, romper la cáscara del coco a machetazos para que pudieras comerte el interior. ¡Delicioso! |