Esta foto es una especie de homenaje a todos esos vendedores de pulseras que recorren la costa brasileña y acompañan a los viajeros con sus historias y su compañía. Este se llamaba Eliseo y era de Vitória, del estado de Espíritu Santo. A saber cuánto tiempo debía llevar en esa playa. Lo conocí mi primera noche en uno de los bares, le compré una pulsera y le pagué invitándole a una cerveza. Me presentó a todo la gente del lugar, la mayoría chicos jóvenes surferos o pescadores y dueños de los pequeños negocios. Como ese día aparecieron un grupo de nórdicas más unos franceses, y los ánimos estaban altos, se organizó un luãu (hoguera con música) en la playa, que acabó siendo un fiesta bastante salvaje.
Yo suelo decir que en un viaje los mejores días son el primero y el último: el primero porque todo es nuevo, y tienes ilusión y ganas de hacer un montón de cosas; el último porque sientes que tu tiempo allí se acaba y quieres aprovechar. Así que lo mejor es pasar en cada lugar sólo dos días, y cambiar de playa. Tal vez haya sido inconscientemente, pero las tres veces que estuve en Trindade, me quedé sólo un par de días. |