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Desde Pucón iniciamos la subida al volcán Villarrica. Debido a la inclinación y a la nieve en algunos momentos de la escalada, debemos usar botas de clavos y picolé. Hace sol durante todo el camino y enseguida nos quitaremos los jerseys. Casi todo el tiempo asciendo con una pareja de australianos, militares profesionales más jóvenes que yo, él capitán, ella teniente.; algunos otros se quedan rezagados y el guía vuelve para ayudarlos.
El volcán escupe algo de lava cuando llegamos a él pero es por las noches cuando exhibe su fuerza destructiva con mayor ímpetu.
Para descender usamos el sistema del
toboganing y alcanzamos velocidades de vértigo. Afortunadamente no hay heridos -sólo el trasero un poco dolorido- y sí muchas risas.
Al filo de lo posible (Pucón, noviembre 2001)