| FIDEL Y LA REVOLUCIÓN |
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| En 1959, el régimen de Batista fue derrotado por un grupo de guerrilleros que llevaban desde 1956 en Sierra Morena combatiendo al ejército. Ayudados por los campesinos y extendiendo entre ellos su influencia y su ideología, consiguieron ganar terreno poco a poco al gobierno. En el grupo de guerrilleros estaban Fidel y Raúl Castro (que ya habían participado en el asalto al Cuartel de Moncada en 1953) y Ernesto Che Guevara. Sin la connivencia de los norteamericanos, que por aquella época habían realizado un embargo de armas al régimen de Batista, para con los rebeldes, probablemente el ejército los habría aplastado, pero no fue así.
Una vez en el poder y realizadas las purgas de militares y políticos adeptos a Batista, Castro procedió a sus reformas económicas de nacionalización de los bienes de la iglesia y de las empresas norteamericanas en suelo cubano, con lo que se ganó la enemistad y un embargo norteamericano en 1960, que acabó provocando un mayor acercamiento a la Unión Soviética y la declaración de Cuba como República marxista-leninista. Rusa ponía el petróleo y le compraba a Cuba el azúcar a precios por encima de mercado; y Cuba ponía la isla a disposición de los intereses estratégicos rusos -aquello provocó la "crisis de los misiles" en 1961 con Kennedy- y aportaba soldados para las guerras africanas dentro del marco de la Guerra Fría ruso-norteamericana. Castro inició políticas de choque de alfabetización de la población rural, con lo que prácticamente desapareció el analfabetismo, promovió el campo de la salud y la hizo gratuita para toda la población, y realizó una reforma agraria que convirtió las tierras cultivables en comunales. La economía funcionó siempre gracias a la ayuda soviética, y sólo fue a raíz de la desaparición de ésta, cuando el modelo económico de la Revolución hubo de ser variado. Capitales canadienses y europeos (fundamentalmente españoles) entraron en la isla, y el turismo se convirtió en la única vía de supervivencia. La política revolucionaria de Castro y su enfrentamiento, ya desde el principio, con los Estados Unidos, el país más poderoso de América y del mundo, ha tenido desde el principio un enorme riesgo político-económico para el país, y si Castro pudo mantenerse en el poder, y los cubanos comer, fue sólo debido a su alianza con Rusia. Las políticas de alfabetización y sanidad llevadas al principio de la Revolución son admirables, aunque la represión y las purgas estalinianas que llevó a cabo para realizar sus reformas a su gusto, hicieron imposible cualquier atisbo de democracia, sobre todo desde la instauración de los Comités para la Defensa de la Revolución, constituidos por ciudadanos de barrio atentos a cualquier vecino que se saliese de la línea revolucionaria, es decir, cualquiera que llevase la contraria al Partido Comunista, el único de la isla. Los totalitarismos de izquierdas buscan su supervivencia por cualquier medio, pero especialmente a través de la represión y la propaganda, porque la existencia de un mundo capitalista y relativamente libre fuera de sus fronteras es una tentación muy grande que provoca envidia en sus ciudadanos, y el deseo de emigrar. Como decía el recientemente fallecido Milton Friedman: "el capitalismo es la mejor receta que se conoce contra la pobreza". Tras el fracaso de los experimentos comunistas de China y Rusia, esa afirmación viene a ser cierta y, aunque tal vez ese capitalismo deba ser atemperado con unas mínimas condiciones de protección a los más débiles y un juego más transparente, la insistencia en permanecer en el régimen del comunismo es un sinsentido; de hecho, todos los países que siguen alardeando de ello, en realidad lo mantienen sólo en el nombre, como el "comunismo a la china", que no es más que capitalismo encubierto. |