Santiago, al oriente de la isla, es una ciudad mucho menos contaminada por el turismo que La Habana, y se puede disfrutar todavía de un estilo de vida más cubano, y conocer a familias de cubanos típicos, como en la foto. Por sus calles había infinidad de moto-taxis, que te llevaban a cualquier parte de la ciudad por medio dólar, aunque con el consiguiente riesgo de caída por el estado de las motos y de las calles.
En Santiago, a través de una casa en la que me alojé, contacté con uno de los miembros del ballet folclórico de Santiago de Cuba, y como me daba clases de salsa, los acompañé a algunos ensayos y actuaciones por la ciudad: el bailarín de apenas 20 años -pero más "viajado" que un europeo de 50- que conocí iba a casarse con una chica austríaca y los dos se iban para Europa al mes siguiente; los matrimonios mixtos de cubano-europea (o más bien lo contrario) son muy típicos: a veces tienen un trasfondo de amor real, pero la mayoría vienen dados por motivos económicos y falta de oportunidades en la isla. El régimen cubano, por un lado considera a dichas cubanas que se marchan, como esquiroles de la Revolución, pero por otro lado, también necesita sus divisas para que el país siga funcionando; así, su consideración social, es un tanto contradictoria. Y de ahí surgen muchas de las historias que escuché de cubanos sobre dichos matrimonios: en ocasiones la cubana aprovechaba para robar todo lo que podía al marido y su familia, hasta el anillo de compromiso; y en otras, el europeo de turno llevaba engañada a la cubana a un negocio de prostitución. |