Volver a CUBA
Si tuviera que elegir una ciudad cubana de tamaño mediano, probablemente escogería Trinidad. A medio camino entre Habana y Santiago, con 70.000 relajados habitantes te permite saborear un poquito a la gente sin el agobio de los profesionales de la amistad habaneros o el jineteo playero. Aunque es bastante turística -es patrimonio de la humanidad por la UNESCO- su tamaño invita a poder conocer y charlar con la gente.
Allí me hice amigo de un grupo de teatro vanguardista, e iba verlos ensayar en su estudio. Ese día era el cumpleaños de Pino, el actor principal de la obra y gran bailarín, y me invitaron a probar el ron local.
Un día les escuché hablar de algo que le había ocurrido a un amigo o conocido suyo. El teatro y los ensayos estaban financiado por el estado, y algunos de ellos pertenecían o trabajaban en ua sección de Cultura del ayutamiento o del Partido, no me enteré muy bien. Pues al tal amigo le habían pillado llevádose varios ordenadores de la oficina y lo habían detenido. Cuando se contaban casi al oído lo ocurrido, el comentario general era: "si es que se ha pasado, se ha llevado demasiado...".
Al principio no entendí muy bien el comentario pero al hablar con otros cubanos más tarde, me enteré de que el robo al estado, en una medida razonable, era muy común para el que podía hacerlo y revender en el mercado negro,;pero lo que me pareció más curioso es que estaba aceptado socialmente. Está claro que cuando la necesidad apreta, la moral se adapta a dicha necesidad.
Shakespeare en Trinidad (Trinidad, agosto 2001)