Desde el Período Especial de los 90, el gobierno cubano permitió a los cubanos habilitar una habitación en su casa para alojar a turistas -las necesidades económicas apremiaban a las familias-, por lo cual en muchas casas de pueblos y ciudades frecuentadas por turistas, a una de las habitaciones de la casa se le ponía aire acondicionado y una buena cama a cambio de entre 15 y 25 dólares la noche -¡lo que suponía un sueldo medio mensual!-, dependiendo del lugar. Luego, debían pagar unos impuestos al estado por dicha habitación de unos 100 dólares al año. Por eso, a veces digo, medio en broma medio en serio que Cuba es el país más capitalista que conozco: porque la mayoría de los que tienen una casa son empresarios, de una habitación. En cuanto un autobús de turistas paraba en la estación del pueblo de turno, decenas de personas con fotos de sus casas o simples comisionistas se aproximaban a ellos, como en las islas griegas. Muchas veces, se mandaban los turistas de una casa a otra entre amigos de diferentes pueblos. El caso es que estos fueron mi familia en Trinidad. Ella, la dueña de la casa, Rosa Miranda, que me daba unas increíbles comidas y me contaba increíbles historias de cubanas casadas con extranjeros; y él, Pavel, su nieto, pintor estudiante de Bellas Artes en La Habana y admirador incondicional de Van Gogh, con quien salí más de un día por las discotecas locales. El me dio a conocer el famoso ritmo hip-hop de Pesadilla. |