Volver a ECUADOR
Naranjito es un pequeño pueblo a 200 kilómetros de Guayaquil. Me dirigí hacia allí porque dos hermanas que había conocido en Guayaquil me contaron que en su pueblo celebraban en esas fechas el Día de la Raza -12 de octubre, llegada de Colón a la isla Guanahaní, supuesto descubrimiento de América por los europeos-, decidí que valdría la pena conocer algún sitio pequeño y no contaminado por el turismo. Aparte de los bailes regionales y del concurso de Miss Criollita del Año, en el que las concursantes eran las más blanquitas del lugar, poco quedaba allí para hacer sino caminar por los bulevares repletos de carteles electorales y otros curiosos carteles que había ordenado colocar el alcalde con sentencias morales sobre el buen comportamiento pero que, curiosamente, estaban llenos de garrafales faltas de ortografía.
De cualquier modo, experimenté la vida ecuatoriana del interior y aprendí algunas cosas muy interesantes: la mitad de las chicas del pueblo mayores de 18 se habían marchado a España, a trabajar en Madrid o en Barcelona ayudando en las casas o cuidando ancianos -de hecho, actualmente los ecuatorianos son el grupo mayoritario entre los extranjeros en España, con cerca de 200.000 personas-.
También escuché una historia que bien podría ser el argumento de un libro: 4 hombres ecuatorianos supieron de un barco saliendo del puerto de Guayaquil hacia Nueva York y se escondieron de polizones en la bodega esperando llegar en 7 días a Manhattan. A las tres semanas, muertos de hambre se entregaron al capitán para descubrir que se habían equivocado de barco porque iban de camino a Bangkok, Tailandia. Lograron evitar que el capitán los echara por la borda pero una vez en el puerto tailandés, los metieron presos durante un mes, hasta que lograron ser repatriados. Nunca más intentaron dejar Ecuador.
Piscinas de aguas turbias (Naranjito, octubre 2001)