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Cuenca es una ciudad pequeña bonita, algo bohemia, y hay una comunidad importante de extranjeros que estudian español allí o se dedican a cuestiones varias. En un cibercafé conocí a una norteamericana, Ana, que me habló de un trabajo de voluntariado que realizaba en una casa con niños autistas. Yo por aquel entonces andaba terminando la carrera de Psicología y estaba estudiando Técnicas de Modificación de Conducta, así que le pedí que me presentara en sociedad. Durante unos días estuve visitando la casa de acogida que la congregación Mensajeros de la Paz -ignoro si era una organización religiosa, aunque supongo que sí- tenía en la ciudad. Me dediqué a hacer programas de evaluación y actividades para cada uno de los niños de la casa. Fue una experiencia que me llenó mucho, tanto profesional como humanamente, y todavía los recuerdo a todos con cariño.
Mundos paralelos (Cuenca, octubre 2001)