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De camino entre las dos playas opuestas de Boracay hay barrios de casas bajitas en medio del campo. A pesar de la afluencia de turistas a la isla, pocas veces se internan por esos caminos llenos de vegetación que llevan a estas casa, y los niños son tímidos pero como niños, juguetones y simpáticos. Aquel día no habían ido a la escuela porque había amenaza de tifón y tenían miedo de que les pillase a medio camino.
Sonrisa profidén (Boracay, octubre 2006)