| JOSÉ RIZAL (Calamba, Filipinas, 1861 – 1896)
Vida Médico, escritor y político, de familia de mestizos filipinos de clase media-alta, estudia con los jesuitas en el Ateneo de Manila, y viaja y estudia por Europa (Madrid, París, Heidelberg). Sus novelas muestran las desigualdades e injusticias del poder colonial español en Filipinas y, a pesar de que él aboga por una solución pacífica, el grupo revolucionario armado Katipunan surge de su Liga Filipina, creada en 1892. En ese año es exiliado en el sur de Filipinas, en Mindanao, y en 1896 es ajusticiado por Obra Noli me tangere (1887) Argumento: Cuenta la historia de Crisóstomo Ibarra, mestizo filipino educado e ilustrado en Europa que, a su vuelta a Filipinas, encuentra un ambiente opresivo para los nativos, especialmente por la acción del clero, representado en el Padre Lázaro. Aquél es perseguido por la justicia y la hija ilegítima del franciscano, María Clara, prometida a él, es asignada a otro hombre pero acaba loca en un convento. Personajes arquetípicos dibujados de forma maniquea que simbolizan un escenario de denuncia por parte del escritor de la sociedad colonial del momento, considerada como una frailocracia. Vicente Blasco Ibáñez le revisa la escritura de la novela (proofreader). Narrador en tercera persona visible, que participa: “Pues que no hay porteros ni criados que pidan o pregunten por el billete de invitación, subiremos, ¡oh tú que me lees, amigo o enemigo!” Frai Dámaso: “- ¡Ca!. ¡Envidias!. Pregúnteselo al Sr. Laruja que también conoce el país, ¡pregúntele si la ignorancia y la indolencia del indio tiene igual!”. Ibarra: “la prosperidad o la miseria de los pueblos están en razón directa de sus libertades o preocupaciones, y por consiguiente de los sacrificios y egoísmos de sus antepasados”. El filibusterismo (1891) Argumento: Continuación de la anterior, Ibarra vuelve a Filipinas disfrazado del joyero Simoun y simula ponerse al lado de las autoridades coloniales españolas para en realidad promover una revolución por las armas, ayudado por Basilio. Su intento acaba fracasando. Mensaje: el fracaso de la Ibarra es visto como una prueba de que una revolución por la fuerza con sangre no es viable. La publicación de la novela acaba provocando el exilio y posterior encarcelamiento y muerte de Rizal, al considerársele cómplice y líder del grupo revolucionario Katipunan. Estructura temática y caracterización del personaje similar Al Edmond Dantés El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, de 1844. Mi último adiós (1896) Escrito por Rizal el día antes de su ejecución en Fuerte Santiago. ¡Adiós, Patria adorada, región del sol querida, Perla del mar de oriente, nuestro perdido Edén! A darte voy alegre la triste mustia vida, Y fuera más brillante, más fresca, más florida, También por ti la diera, la diera por tu bien. En campos de batalla, luchando con delirio, Otros te dan sus vidas sin dudas, sin pesar; El sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio, Cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio, Lo mismo es si lo piden la patria y el hogar. Yo muero cuando veo que el cielo se colora Y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz; si grana necesitas para teñir tu aurora, Vierte la sangre mía, derrámala en buen hora Y dórela un reflejo de su naciente luz. Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente, Mis sueños cuando joven ya lleno de vigor, Fueron el verte un día, joya del mar de oriente, Secos los negros ojos, alta la tersa frente, Sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor. Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo, ¡Salud te grita el alma que pronto va a partir! ¡Salud! Ah, que es hermoso caer por darte vuelo, Morir por darte vida, morir bajo tu cielo, Y en tu encantada tierra la eternidad dormir. Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día Entre la espesa yerba sencilla, humilde flor, Acércala a tus labios y besa al alma mía, Y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría, De tu ternura el soplo, de tu hálito el calor. Deja a la luna verme con luz tranquila y suave, Deja que el alba envíe su resplandor fugaz, Deja gemir al viento con su murmullo grave, Y si desciende y posa sobre mi cruz un ave, Deja que el ave entone su cántico de paz. Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore Y al cielo tornen puras, con mi clamor en pos; Deja que un ser amigo mi fin temprano llore Y en las serenas tardes cuando por mí alguien ore, ¡Ora también, oh Patria, por mi descanso a Dios! Ora por todos cuantos murieron sin ventura, Por cuantos padecieron tormentos sin igual, Por nuestras pobres madres que gimen su amargura; Por huérfanos y viudas, por presos en tortura Y ora por ti que veas tu redención final. Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio Y solos sólo muertos queden velando allí, No turbes su reposo, no turbes el misterio, Tal vez acordes oigas de cítara o salterio, Soy yo, querida Patria, yo que te canto a ti. Y cuando ya mi tumba de todos olvidada No tenga cruz ni piedra que marquen su lugar, Deja que la are el hombre, la esparza con la azada, Y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada, El polvo de tu alfombra que vayan a formar. Entonces nada importa me pongas en olvido. Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré. Vibrante y limpia nota seré para tu oído, Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido, Constante repitiendo la esencia de mi fe. Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores, Querida Filipinas, oye el postrer adiós. Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores. Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores, Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios. Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía, Amigos de la infancia en el perdido hogar, Dad gracias que descanso del fatigoso día; Adiós, dulce estranjera, mi amiga, mi alegría, Adiós, queridos seres, morir es descansar. |
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