Los chinos llevan en las Islas Filipinas en asentamientos permanentes de comerciantes desde el siglo IX. Eran conocidos como sangleyes. A la llegada de los españoles, que quedaron desilusionados por la falta de riquezas del territorio (las especias quedaban en Indonesia, zona controlada por los holandeses, y los portugueses ya se habían hecho con Macao, en China). Pero al menos les servía como localización estratégica para el comercio con el gran reino de Catai (China). Los españoles, con estas ideas en mente, además de con su incansable esfuerzo de proselitismo católico, atrajeron una importante inmigración china a Filipinas, aunque pronto comenzaron a desconfiar de dicha comunidad, y a aislarla en guetos como el de Binondo, al norte de Intramuros. En los siglos XVIII y XIX, la comunidad comerciante china fue enriqueciéndose y mezclándose en matrimonios con los españoles, convirtiéndose dichos mestizos en la élite económica del país, como sucede en la actualidad.
José Rizal, por ejemplo, era mestizo de sangley.
La iglesia de San Agustín, imponente estructura de Intramuros que resistió al bombardeo americano en la Segunda Guerra Mundial, es escenario de muchas bodas de pudientes filipinos, como los mestizos con rasgos chinos que se ven en la foto. |