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Los marineros que nos llevan a la excursión coralina son callados, de facciones malayas, morenos. Se limitan a dirigir el barco y sonreir de vez en cuando. El padre Max, en Zamboanga, ya me decía que el filipino sencillo sólo sonreía y con eso pensaba que ya había hecho una gran cosa en las relaciones sociales. El trabajo en el mar, ya sea de pescador o de marinero de cruceros de excursión, hace fuertes a las personas, las endurece, porque el mar es un paraíso de libertad pero también puede ser traidor y peligroso.
El tigre de Malasia (Boracay, octubre 2006)