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Y el río muere en el mar (Boracay, octubre 2006)
Hace ya algunos años que siempre que vuelo pido ventanilla. Me ilusiona distinguir las líneas de la costa, las edificaciones, los ríos y las montañas de los lugares que visito. Es como que si te ayudara a comprender un poco más la sensación física del terreno, incluso la económica, puesto que se ve la parcelación, los barrios, las autopistas que llevan al centro de las ciudades.
La costa filipina es tropical, con vegetación,sin casi arena: de ahí que sus playas sean paraísos para buceadores, aunque no para
morenoréxicos -tomadores compulsivos de sol-.