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Sueño entre cartones (Cebu, octubre 2006)
Parece ser que este puente tenía cualidades narcolépticas porque todos los días se encontraba a alguien durmiendo en él. Continuamente lo utilizaba la gente para no tener que cruzar las calles sin semáforos. Una mujer pedía en las escaleras, mientras niños sucios vestidos con andrajos remoloneaban por sus escaleras. El hecho de vivir en una gran ciudad, donde el anonimato y el sálvese quien pueda son la norma, hace que esas visiones no sean para sus habitantes más que algo de lo que hay que huir. También, la teoría psicológica del "Mundo Justo", según la cual cada uno tiene lo que se merece, parece justificar inconscientemente esa inacción, o por lo menos el status quo. En Manila, hablando con dos agradables estudiantes filipinos de español del Instituto Cervantes en un café del Malecón, recordé aquella otra teoría de la Psicología Social de que tendemos a extender nuestra valoración de los atributos físicos de una persona a sus atributos psicológicos, pero sobre todo a los morales: el rico bien vestido es bueno, el pobre con andrajos es moralmente malo. Ésta es otra autodefensa de muchos filipinos de clase media, personas ultracatólicas que se enfrentan día a día con el espectáculo de la pobreza, y cierran los ojos.