| Pasear por las calles de centro londinense y sus parques es un placer. Los bobbies o policías de Scotland Yard todavía llevan esos característicos gorros y sirven de atracción turísticas a los desconsiderados visitantes como yo. Mientras me encontraba paseando por el parque de Saint James para llegar al Palacio de Buckinham, unos jóvenes informantes públicos me contaron que había salido una reciente ley que prohibía la expresión pública de carácter político en un radio de acción de una milla aproximadamente desde el Parlamento: el que quiera quejarse que lo haga, pero lejos. |