Bragas a medio dólar: cómo me recuerda esto al Rastro madrileño. Este tipo de mercadillos callejeros se va perdiendo a medida que los países se van desarrollando más y los centros comerciales ganan adeptos. Siempre que llego a un país, intento comenzar por una ciudad o pueblo pequeño, y dejo la capital para el final, para ir adaptándome poco a poco al bullicio. En Méjico hice lo mismo: comencé con Cuernavaca, alterné playa y montaña, y acabé en la capital. Vale la pena. Las capitales tienen su lado negativo: el anonimato, el ruido, peligros a veces, pero también mucha más gente, ofertas lúdicas y culturales, y muchos barrios diferentes. La ciudad es como un país en pequeñito. |