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FOTOS DE MÉJICO
El mejicano sufre una fascinación por la muerte como en pocas otras culturas en el mundo. Puede ser debido a su sangriento pasado guerrero de tiempos de los aztecas, al haber estado sometido violentamente por los españoles durante 3 siglos, o a los años revolucionarios de un interminable derramamiento de sangre. O tal vez a las prácticas prehispánicas de los sacrificios humanos para los dioses Huitzilopotchli, Teztcalipoca o Tlaloc.
El 1 de noviembre, el Día de los Muertos se celebra de forma macabra con calaveras. No son las máscaras anecdóticas norteamericanas de Halloween, que más bien parece un carnaval, sino explícitos esqueletos que suponen un peculiar culto a la muerte. El mejicano está acostumbrado a la muerte y la acepta sin más, sin el miedo que pueda representar para un gringo o para un europeo, y sin ningún tabú a la hora de hablar de ella.
Octavio Paz decía que el mejicano es sumiso y callado, pero sólo hasta que estalla; y cuando lo hace, lo hace de manera salvaje. Y quizás lo más peligroso de esa situación es la falta de temor a la muerte.
¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte! (Taxco, diciembre 2003)