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FOTOS DE MÉJICO
Hay gente que viaja a otros países para tumbarse al sol y divisar aguas turquesas al artificioso ritmo descafeinado de una música de hotel resort y una caipirinha; otros que buscan lo exótico, lo diferente, y si no lo encuentran, lo inventan, como hicieran nuestros primeros descubridores y conquistadores, que más que eso, fueron inventores de la idea de América; hay otros, también, que sólo buscan la miseria, la pobreza, para poder probar sus teorías personales sobre la injusticia del mundo y sentirse incluso más humanos entre el dolor ajeno; después está el mochilero de youth hostel, que se junta con otros de su misma calaña y habla inglesa, y visitan impresionants lugares físicos pero no llega a contactar ni mínimamente con la cultura local; tenemos al compulsivo consumidor de cultura y museos, la mayoría de las veces en viaje organizado, que descuida definitivamente el museo de la calle; y finalmente, el juerguista, que se limita a salir por las noches en busca de amistades, fiesta y sexo fácil y barato, pero no se entera de por qué la gente es como es, ni de dónde viene ni cómo funcionan el país. En todas esas situaciones, el viaje se queda en un punto de vista muy limitado. Cuando se viaja hay que ser totalizador, e intentar acaparar lo máximo posible, para llegar a una perspectiva multidimensional.
De momento, una de pobreza.
Los desheredados (Taxco, diciembre 2003)