El lago Titicaca -del aymara y del quechua- es el más alto del mundo, a 3.812 metros sobre el nivel del mar. Gris, azul y frío, está salpicado por un montón de pequeñas, pequeñísimas islas flotantes de juncos y apenas unas decenas de metros de diámetro. Allí conviven unas cuantas familias que viven de los turistas y su artesanía, y los niños aprovechan los escasos metros cuadrados para corretear y pedir propinas apenas perciben el objetivo gringo. Cada semana, los indios aymara tienen que reponer el suelo de juncos ya que el agua los va consumiendo; también sus casas.
Aquella noche la pasamos en una isla mayor de tamaño con unos 2.000 habitantes llamada Amántani, dispersados entre las casas de los lugareños y sus familias. |