| La plaza de Rossío, con la estatua de Pedro IV (rey del XIX) en el medio, es como la Plaza Mayor de Lisboa, el centro histórico-turístico, cuidado y lleno de cafés y terrazas. En veranos, bandas de jazz tocan música y atraen multitudes, a las que expertos del trapicheo de droga ofrecen impunemente su material. Una de las veces que me quedé por ahí, al anochecer, esperando a un amigo, me abordaron a lo largo de 20 minutos unos 4 ó 5 de ellos, mostrándome de tapadillo su material, consistente en hachís y cocaína, principalmente. Un tanto molesto por su insistencia, al último de ellos le respondí de malos modos, a lo que él repuso: "Español, ¿verdad? Tengo ganas de matar a un español hoy". Sopesé mis posibilidades de reacción y/o represalias frente a su atrevimiento -estoy leyendo El capitán Alatriste de Pérez Reverte- pero finalmente opté por ignorarlo. |