Para entender la sexualidad, la prostitución y las relaciones de poder entre sexos en Tailandia hay que partir de dos cosas: el budismo y su tolerancia para con la sexualidad en base a no aceptar la dualidad cuerpo-alma de los monoteísmos, y el concepto de Mia Noi, que se trata de una segunda mujer, amante a todos los efectos, que cualquier tailandés puede tener -e incluso podía registrar oficialmente hasta hace unas décadas- aparte de su esposa oficial, o Mia Luang. Esta aceptación cultural de la poligamia (que no poliandria) llegó a ser tan normal que hasta los reyes tenían sus Mia Nois reconocidas, y muchos tailandeses más humildes, mientras pudieran permitírselo económicamente, también tenían las suyas.
El contacto con Occidente desde el siglo XIX ha hecho que Tailandia adopte estructuras de gobierno y económicas provenientes del Primer Mundo, pero también ha provocado cambios en su escala de valores -al menos la pública-, llevando a la desoficialización de esta institución y convirtiendo el matrimonio monogámico en la norma, aunque la influencia de las creencias autóctonas ha hecho que la idea del
Mia Noi haya evolucionado hacia una prostitución más o menos encubierta, bastante generalizada entre los tailandeses.
Y si a eso le añadimos los
farangs o extranjeros, con una alta capacidad adquisitiva, tenemos que muchas de las relaciones entre un farang y una tailandesa -estabilidad económica a cambio de satisfacción sexual y emocional- entran dentro de esa idea de la Mia Noi a corto plazo que Occidente estigmatiza con el nombre de prostitución.
La impresión que causa a un occidental pasear por barrios de Bangkok como PatPong o Nana y descubrir calles enteras dedicadas a la prostitución femenina o masculina, o visitar la playa de Pattaya, convertida en parque temático del sexo, es muy distinta de la que tienen los propios tailandeses de esa misma realidad, teniendo en cuenta nuestros diferentes puntos de partida morales.
Cleo Odzer, una antropóloga norteamericana que parece salida de la revolución hippie y los viajes iniciáticos a la India pero con una inicial actitud muy feminista típicamente americana, pasó 2 años estudiando las calles, los bares, las chicas y los clientes de PatPong en Bagkok, y de ahí surgió en 1994 un libro yo creo fundamental para entender las relaciones entre farangs y tailandeses.
En "Patpong Sisters", la antropóloga cuenta la vida de muchos personajes reales que se dan cita en los bares y clubs de ese barrio, y también su propia experiencia al involucrarse sentimental y sexualmente con un tailandés. Sus conclusiones, si se pueden resumir en un enunciado unidimensional, son que el hombre occidental se ve inmerso en una nueva situación emocional -a la que llega a través del sexo ocasional, pero que llega a convertirse en una adicción vital-, en la que llega a sentirse verdaderamente protector y responsable de una mujer -familia incluida- necesitada de su apoyo, y que muchas veces acaba dilapidando su pequeña fortuna y su estabilidad profesional y mental en ello: de explotadores sexuales pasan a explotados sentimentales.
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Barrio rojo, trabajadores de plataforma petrolífera (Bangkok, junio 2005)