Recalé en esta isla de la costa suroeste tailandesa no porque quisiera ver los estragos que había causado en ella el tsunami de 2004 -aunque eso también peso en mi decisión de visitarla- sino porque en el tren de camino a Ko Phan Gan había conocí a una chica que se dirigía hacia aquí para trabajar de camarera en un bar. El sur de Tailandia es mayoritariamente musulmán -computando el 4% de la población del país- y ha habido problemas con integristas islámicos separatistas, igual que en Indonesia -23 muertos por bombas en Bali-, Malasia y FIlipinas. Pero aparentemente Ko Pan Gan parecía tranquilo. En el bar de mi amiga Misa pude conocer al dueño, un treintañero viajero inglés que echaba pestes de los mochileros de VISA oro -los llamaba "backpackers gold"- y apariencia hippie. También me contó hasta dónde llegó la ola del tsunami en Ko Lanta, arrasando algunos cientos de metros, pero sobre todo cómo afectó a Ko Phi Phi: la isla está partida hacia la mitad por un istmo con las dos playas paralelas apenas separadas por 500 metros. Cuando los veraneantes -la mayoría escandinavos- vieron acercarse la ola por el oeste corrieron alejándose de la orilla, pero sólo unos minutos más tarde la gran ola también entró por la orilla opuesta chocando con la ola inicial y pillando en medio a los que huían, lanzándolos violentamente hacia el aire a muchos metros de altura. Hubo más 2.000 entre muertos y desaparecidos en la isla. |