Los monjes budistas tailandeses con sus túnicas naranjas se han convertido en un motivo más del paisaje de Tailandia. La gente, aunque no los venere atribuyéndoles cualidades semidivinas -como ocurre en el cristianismo o el islamismo más ortodoxo- los respeta, al igual que respeta muchas otras cosas ajenas pero cercanas a ellos. Este grupo de monjes se dirigía al templo de Ko Si Chang, un importante centro de meditación.
Para que una persona sea ordenada monje, ha de pasar varios años de entrenamiento en un templo bajo la supervisión de un maestro, e ir adquiriendo ese control de los impulsos y los deseos que le permitirá, a través de sucesivas reencarnaciones en seres cada vez mejores, acercarse al nirvana tan deseado incorporándose al orden moral del mundo. ¡Ups!, desear acabar con el deseo, ¡qué contradición!. Si Nietszche y la voluntad de poder levantaran la cabeza... |