La playa de Pattaya ha ido creciendo y se ha convertido en una ciudad. Desde la época de la Guerra de Vietnam, cuando los americanos comenzaron a frecuentarla para R&R (Rest and Recreation), Pattaya ha sido el reducto de prostitución más grande de toda Asia, aunque ha habido infructíferos intentos de convertirla en destino turístico familiar. Muchos de esos soldados, al acabar la guerra, se quedaron en la ciudad, y allí viven, yendo a una playa un tanto cutre, y paseándose por los bares con sus parejas más o menos estables. Aunque no todos son ex-soldados: en un bar de Bangkok conocí una noche a Mike, norteamericano de Arkansas bien entrado en los 50, que tenía una pequeña empresa en los Ozarks, y que pasaba la mitad del año en Pattaya, en una casa que se había comprado allí; la otra mitad del año la pasaba en América, cuidando de sus negocios. En Tailandia tenía una novia, que cuidaba de su casa mientras él no estaba y con la que convivía el tiempo que le tocaba estar allí. -Pattaya is like Las Vegas- me decía Mike continuamente. -You should go and check it out. Aunque hay casas de masajes por casi todas las zonas de la ciudad, y las chicas en las puertas de los lugares continuamente reclaman al elemento masculino foráneo que por allí se pasea, el entertainment district ocupa una área limitada y controlada por la policía -que ya que no puede evitar la prostitución, al menos controla que las chicas sean mayores de edad-. La prostitución en Tailandia, además de tener relación con la idea de Mia Noi, tiene mucho que ver con la situación económica y familiar de los tailandeses del interior, que suponen el 80% de la población. Algunas zonas, las más deprimidas económicamente, como la de Isan, junto a la frontera con Laos, son continuas fuentes de chicas que marchan a Bangkok o a Pattaya para trabajar en los bares prostituyéndose con farangs y mantener a sus familias en el campo. En algunos casos extremos, familias venden a sus hijos directamente a las redes de prostitución. Como explica Cleo Odzer en su libro, algunas organizaciones no gubernamentales extranjeras se dedican a recomprar a las chicas a los bares donde trabajan y devolverlas a sus pueblos de origen, pero la mayoría de ellas acaban escapándose y volviendo a la vida de los bares, porque el pueblo ya les es totalmente ajeno, y en los bares consiguen dinero fácil más rápidamente. Cuando estas chicas de bar visitan a sus familias son tratadas con mucho respeto porque se considera que están cumpliendo con la obligación -especialmente para la primogénita- de mantener a la familia; pero además, el estigma de la prostitución no es tan fuerte en Tailandia como en el mundo occidental monoteísta. Cuando el primogénito es un chico, a menudo se le convierte en lady-boy (travesti o transexual) para que pueda de la misma forma contribuir a la supervivencia de la familia. |