| Túnez es el país árabe del Magreb, posiblemente junto con Marruecos, más occidentalizado. Habib Bourguiba logró la independencia de Francia y laicizar en buen medida el estado. En los últimos años los políticos y el ejército se han estado empleando en neutralizar a los islamistas con aspiraciones políticas, algo similar a Marruecos, que además tiene el apoyo norteamericano. Aún así, la inmensa mayoría de la población, étnicamente árabe puesto que apenas quedan bereberes, son musulmanes y ello se aprecia en su forma de vida, valores y costumbres. El turismo extranjero, en busca de destinos exóticos pero seguros, playa y desierto, ha hecho el resto y supone una importante fuente de ingresos para el país.
Túnez capital es una ciudad grande, con mezcla de tradición -por su medina- y cierta modernidad en los barrios nuevos de grandes avenidas, aunque no llega a la monumentalidad de Casablanca, por ejemplo. A unos pocos kilómetros se encuentra La Goulette, una playa de fin de semana para los capitalinos y donde se aprecia cierta libertad e independencia de la mujer tunecina, al menos para el mundo árabe. Sousa y Hamamet son destinos turísticos, en el segundo de los cuales pasé unos días explorando sus calles y playas. Douz es un pequeño pueblo de apenas unos miles de habitantes que también es conocido como "La puerta del desierto" por su cercanía al Sahara. Está a unos kilómetros de Tozeur, ciudad con más recursos turísticos y que suele ser elegida más a menudo por los visitantes. En esta última, la recepcionista de mi hotel me invitó a tomar té en su casa en un laberinto de calles por el que me guió un niño desconocido, y allí me presentó a su tío y a su perplejo futuro marido, un chico de unos 20 años que trabajaba en una farmacia cercana. Me invitaron a comer un guiso de carne -al estilo árabe, con los dedos y un pedazo de pan- y pasamos la tarde charlando sobre Túnez y el futuro. La particularidad de Douz, además de la espontaneidad de sus habitantes, son sus bodas. No sé hasta qué punto son acontecimientos públicos o turísticos, pero prácticamente todos los días durante la temporada de verano hay alguna por el pueblo. Unos niños de sus calles me llevaron a la boda del día y me presentaron al novio. Una parte curiosa de la celebración es que un señor muy mayor, casi anciano, es contratado para realizar una danza tradicional, y los muchachos se encargan de animarla, lanzándole petardos hacia los pies, con el consiguiente enfado del hombre. También se suelen lanzar monedas a los pies de los novios como símbolo de futura riqueza material para la pareja; como buen turista consciente de su rol, a eso segundo sí me uní. |
| Hollywood tunecino (Douz, junio 1999) |