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LITERATURA  NORTEAMERICANA
La historia de la literatura norteamericana transcurre paralela a la historia del país, y sólo cuando Estados Unidos se establece como nación independiente, comienza a romper la dependencia cultural de Inglaterra.

El primer autor con rasgos literarios puramente americanos es
Washington Irving (1783-1859), considerado el padre de la literatura norteamericana. En 1809 escribe “A history of New York”, con elementos locales y satíricos; sus viajes por Europa y su estancia en España como embajador tienen como resultado “Tales of the Alhambra” (1832), con influencias históricas, góticas y de la fantasía.

John Fenimore Cooper (1783-1851), expulsado de la universidad de Yale, deja un retrato positivo de los nativo-americanos en “The last mohican”, de 1826, que relata la French-Indian War de los 1750’s.

Edgar Allan Poe (1809-1849), de vida azarosa y dipsómana, con paso por West Point incluido, es el maestro del relato: mezcla la novela gótica y el relato sensacionalista, haciendo hincapié en el desdoblamiento de personalidad. Casi siempre usa el narrador en primera persona y es muy descriptivo. Algunas de sus obras son “The Fall of the Usher House” y “The murders in the Rue Morgue”, esta última dando vida al detective Auguste Dupin a través de un narrador personaje observador.

Muchos escritores norteamericanos fueron marinos o pasaron largas temporadas en el mar.
Herman Melville (1819-1891), es un ejemplo de ellos: primero marino mercante, luego en un ballenero, de donde sacará la inspiración para la extremadamente simbólica “Moby Dick” (1851), con reflexiones sobre el bien y el mal.

Walt Whitman (1819-1892) revolucionó la poesía del XIX con su verso libre y el uso de lenguaje popular aprendido en Brooklin. Su visión del país como el más poético del globo se aprecia en “Leaves of grass” (1960) y en la hedonista “Children of Adam”.

Hizo falta que apareciera
Mark Twain (1835-1910) para dar un impulso a la literatura sureña, auque fuera para satirizar los años dorados del sur pre-Guerra de Secesión. “Adventures of Huckelberry Finn” (1884) es el relato de la búsqueda de libertad de un muchacho semi-salvaje y un esclavo negro huído. Especialista en usar distintos registros, hace uso continuo de un lenguaje coloquial y popular, el del joven protagonista y narrador.

Los contrastes entre continentes, en concreto entre Estados Unidos y la Inglaterra europea de las clases altas del XIX, son perfectamente reflejados por
Henry James (1843-1916), que escribe “Portrait of a lady” en el año 1880.

Jack London (1876-1916), pese a su fortuna, era llamado “the boy socialist of Oakland”, y ejemplifica el determinista naturalismo literario americano con sus novelas sobre Alaska, el mar o la selva, como en “The call of the wild” (1903) o en el relato “To build a fire” (1908).

Scott Fidgerald (1886-1940), poseedor de una gran fortuna y viajado, pero infeliz y borracho, mostrará la corrupción personal y moral de la sociedad americana, interesada sólo en el dinero en “The great Gatsby”, de 1924. Algunos de sus relatos, como “Babilón Revisited” (1931), también son memorables.

William Faulkner (1897-1962) escribe sobre el sur, en el contexto de una virtual ciudad llamada Yoknapatawpha, libros experimentales sobre sagas familiares, usando distintas técnicas: varios narradores, monólogo interiores, tiempo fragmentado, dialectos, y flujo escrito de la conciencia.

Ernest Hemingway (1899-1961) tenía una particular moral vital, que se basaba en afrontar la vida sin miedos pero con realismo. Su trabajo como periodista le ayudó a simplificar su estilo y su ansia de vivencias le llevó a vivir 3 guerras europeas y viajes por África. En “The Sun also rises” (1926) trata del valor pero también de los expatriados. He aquí un extracto “´You are an expatriate. You’ve lost touch with the soil. You get precious, Fake European standards have ruined you. You drink yourself to death. You become obsessed with sex. You spend all your time talking, not working. You are an expatriate, see? You hang around cafes.´”. Otra obra maestra es “The old man and the sea”, de 1952. Después, carcomido por la diabetes y otras enfermedades debidas a su alcoholismo, se pegaría un tiro en la cabeza, como había hecho su padre.

Vladimir Nabokov
(1899-1977), emigrante ruso de clase alta, cuando escribió “Lolita” (1955), escandalizó a la puritana sociedad americana, pero su calidad literaria era tan alta y la técnica de su relato narrado por el obsesivo Humbert Humbert, enamorado de la púber nínfula, tan estilizada, que lo encumbró a la fama.

John Dos Passos (1896-1970), al igual que Faulkner, representa la experimentalidad en la novela norteamericana, pero en este caso lo hace a partir de múltiples personajes, que, entrecruzados a la manerar del posterior cineasta Robert Altman, terminan por dar vida a un nuevo personaje, el conjunto, el contexto, el decorado. Escribió “Manhatan Transfer” en 1925.

La generación
beat de los años 50 estaba formada principalmente por William S. Burrows (1914-1997), Allen Ginsberg (1926-1997), y Jack Kerouak (1922-1969), que con su “On the road” (1950), que relata de forma ininterrumpida sus viajes por Estados Unidos con su amigo  Neal Casady –Dean Moriarty en la novela-, pusieron de moda un estilo de vida urbano, callejero, de underdogs, drogas, homosexualidad, con unos valores absolutamente distintos a la sociedad del momento. Se conocieron en la universidad de Columbia, en Nueva York, pero posteriormente se trasladaron al área de San Francisco, que todavía mantiene ese aire laid-back tan beat. Aunque no perteneció al grupo, me gusta incluir en el pack a Charles Bukowski (1920-1994), poeta y escritor vagabundo y borracho de Los Angeles, que pasó por los más extravagantes trabajos para posteriormente escribir sobre ello en su autobiográfica obra. Mis obras favoritas son “Factotum”, de 1975, y “Women”, del 1978, aunque también escribió mucha poesía con su estilo simple y directo.

J.D.Salinger (1919-), escribió en “The catcher in the Rye” (1951) sobre un adolescente incapaz de adaptarse a la sociedad Americana, dando bandazos hasta acabar suicidándose, aunque se hizo más famoso cuando se descubrió que el hombre que mató a John Lenon, llevaba su libro consigo.

Dentro de las literaturas “étnicas” americanas, están
Toni Morrison (1931-), que ganó el Premio Nóbel en 1993, escribe sobre la discriminación actual de los negros en la sociedad norteamericana y, en concreto, sobre el triplete “back, female and poor”; y Richard Rodríguez (1946-), mejicano-americano, que en su autobiográfica “Hunger of memories: the education of Richard Rodríguez” (1982), explica cómo, para integrarse en una cultura, hay que desprenderse de la anterior.

En la actualidad, el mejor autor norteamericano es, a mi juicio,
Paul Auster (1947-), ahora incluso dedicado también a la dirección de películas. En obras como “The book of illusions” (2002) establece una duda verosímil sobre el origen azaroso de las coincidencias y sus consecuencias en nuestras vidas, mostrando un conocimiento exhaustivo de los ambientes que retrata, y entremezclando estilos narrativos, narradores, materiales de presentación del relato, épocas, etc.