Aunque la imagen que podemos tener en la cabeza de Estados Unidos es la de Nueva York o California, con calles repletas, carreteras llenas de coches y mucha gente, lo cierto es que la mayoría de Estados Unidos es más bien rural, o por lo menos, no tan concentrada como Europa. El sur americano es así. De repente en medio de un interminable llano o del desierto, surge una ciudad, que comparada con la extensión de tierra despoblada a su alrededor, parece una gota en el océano. Aun así, el americano común, frente al hispano o latinoamericano, de acuerdo con su carácter más independiente, busca siempre tener un terreno separado de los demás, donde construir su casa independiente, y en el centro del mismo, para no ser perturbado por nada ni por nadie. El hispano tiende a vivir más cerca de sus vecinos o de su familia extensa, en los pueblos o ciudades, aunque pueda disponer de un terreno separado. Por ello, América ha podido ir poblando poco a poco gran parte de su extensión geográfica sin que los centros urbanos se hayan convertido en la norma. Estados Unidos, a pesar de tener 280 millones de habitantes y de ser el mercado más importante del mundo en términos de consumo, es tan grande que su densidad es tan sólo la tercera parte que la de España y la quinta parte que la del otro gigante, China. Caben muchos más allí, y si no, que se lo digan a los espaldas mojadas de Río Grande. Viajando por el sur americano y parando en ciudades un tanto fantasmas, al menos en domingo -todo el mundo en la iglesia o en casa-, como Nashville, me trae a la cabeza los relatos de Mark Twain en el río Mississipi, con Tom Sawyer, Huckelberry Finn y el esclavo Jim. Pero el país ha cambiado, incluso el sur. Se ha modernizado. No algunas zonas: Boys don't cry es una película que salió en el año 1999 y aunque cuenta unos hechos verídicos que sucedieron en Nebrasca, se podrían extender a estos territorios sureños, acogedores pero en ocasiones intolerantes, que fueron escenario de muchas de las batallas de la Guerra de Secesión norteamericana. |