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| Cabeza del desfile (Savannah, GA, enero 2003) |
| El tercer lunes de enero de cada año se celebra en Estados Unidos el nacimiento del líder político del movimiento negro y de los derechos civiles norteamericanos Martin Luther King Jr. Hay desfiles en muchas ciudades. En los tumultuosos años 60, en los que las cuestiones raciales volvieron a aflorar, especialmente en el sur, pero extendiéndose a todo Estados Unidos, surgió este pastor baptista que, emulando a Gandhi, llegó hasta Washington D.C. y pudo pronunciar su famoso "I had a dream". El sueño de King era una América sin desigualdades, homogénea en creencias y valores, donde los blancos fueran iguales que los negros. Aunque consiguió mejoras para la primera minoría norteamericana -ahora los hispanos están cerca- murió asesinado en Memphis en 1968. Al mismo tiempo surgieron otras formas de entender la cultura negra, como el Black Power, que más que buscar y fomentar la integración, como pretendía King, se dedicaron a sobresalir mediante la diferencia, y a enviar el mensaje de que estaban orgullos de su raza y sus raíces africanas. En realidad el negro norteamericano es un poco como el mejicano, que no quiere ser ni español ni indio, y está un poco desorientado en cuanto a sus orígenes. Él sabe que no es un americano blanco pero tampoco quiere ser del grupo de los africanos, con los que no comparte casi nada, aparte de algunos rasgos físicos. Él es African American. El tema del affirmative action es también bastante controvertido: por un lado se intentan compensar los desequilibrios históricos que ha sufrido esa minoría, pero por otro lado -como explica Robert Rodríguez- genera un continuo complejo de victimización, negativo para los propios negros. |