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| Golpea y corre como alma que lleva el diablo (Savannah, GA, abril 2003) |
| El béisbol es, junto con el baloncesto y el fútbol americano, una de las pasiones de los americanos.
Confieso haber ido sólo un par de veces a ver un partido en 3 años de estancia en Estados Unidos, pero es que me aburre soberanamente, casi tanto como el fútbol. Esa tarde, a mí, a Montse, profesora también en colegio, y a 3 estudiantes, nos invitaron a experimentar el gran deporte americano -aunque también cubano, dominicano, venezolano y hasta japonés-. Confieso que hay algo artístico en el juego cuando el bateador golpea la pelota que le ha lanzado el pitcher y la lanza por encima de su cabezas para comenzar a correr hacia una base: ese instante recuerda a una estatua griega, el discóbolo incluso. Pero aquella tarde me bajé a hacer fotos de cerca y pude conocer a dos chicas de Venezuela residentes en Miami, cuyos novios estaban entre los jugadores del partido de segunda división que estábamos viendo, los cuales soñaban con pasar a primera y cambiar sus ingresos de apenas 15.000 dólares al año por otros millonarios. |