Bicis, frisbies y Pía en Forsyth Park (Savannah, GA, abril 2003)
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Una de las cosas que más echo de menos de Savannah son los paseos en bici desde mi casa hasta Forsyth Park. Éste era un pulmón verde en medio del downtown de esa histórica ciudad con edificios del siglo XIX y una importante comunidad de artistas y escritores.
Aparte de servir de campo de deportes y reunión de savanianos con perros para socializar, el parque era en muchas ocasiones el lugar de eventos como conciertos, teatro, exposiciones, y a veces, los sibaritas locales aparecían con una tela sobre la que ponían la merienda a degustar y el vino a catar.
El parque también marcaba un límite físico en la ciudad. A partir de éste hacia el sur, aunque seguía considerándose
downtown, la zona dejaba de considerarse noble, e incluso segura; en muchos barrios el porcentaje de negros aumentaba, los precios de las viviendas bajaba, y de noche pocos blancos se aventuraban en ellos.
La realidad de la segregación
de facto en esta ciudad, y supongo que en todo el estado, la sufrí en mis ingénuas carnes cuando un día, impulsado por ese genuino ansia de limitada aventura tan propio de mí, me interné con mi beachcruiser al sureste del parque por un barrio un poco apartado: al cruzarme con un grupo de niñas de apenas 11 ó 12 años, me increparon: -¡Hey, you, white boy! (me parecía estar viviendo una canción de Lou Reed, y me dieron ganas de responder ´I'm just looking for my man´), what are you doing here? Don't you think you are in the wrong neiborhood? That's a fresh new bike. You wanna lose it?- Yo, como experimentado profesor en South Carolina en un colegio público donde la mayoría eran negros o hispanos, me lo tomé a cachondeo y lo único que se me ocurrió fue sonreir sarcásticamente. Error. Inmediatmente, una de las chicas dijo algo así como: -¿Ah, si? Ahora se lo vas a decir a mi hermano mayor- y salió corriendo en dirección a una casa de la calle. Decidí no quedarme a conocer al seguramente exconvicto miembro de banda hermano mayor, y salí de allí tan rápido como pude con la todavía mía fresh new bike, que acabaría regalando a mi colega Montse a mi vuelta a España.
Aquel día fui consciente del
issue racial en el país que desde fuera parecía haber integrado todas las culturas y razas diferentes, al menos desde los años 60. Black power!